Escritora, periodista y política española.
Nació en A Coruña en 1898. Miembro de una familia de militares, era hija de Asunción García García, de profesión cigarrera. Su madre la dejó al cuidado de su abuela materna, Ángela García Rosendo, y se trasladó a Madrid, donde contrajo nuevas nupcias con Pablo Guinea Valdivielso, agente de negocios y jefe de administración civil de tercera clase de la Secretaría del Ministerio de Fomento y hermano de María Auristela Guinea Valdivielso, marquesa de las Salinas, con el que tuvo dos hijos, Máximo y Gustavo Guinea García. En 1915 se trasladó a vivir a la capital española con su madre y su nueva familia y comenzó a estudiar en la Escuela Normal de Maestras.
Mantuvo una relación sentimental con el catedrático socialista José Verdes Montenegro Montoro, quien influyó en su acercamiento y compromiso con la política. Impartió conferencias sobre el papel de la mujer en la sociedad en diferentes instituciones y asociaciones y se hizo socia del Lyceum Club. Comenzó a colaborar en diarios como El Día, Hoy, La Voz y revistas ilustradas -N uevo Mundo, La Esfera o Lecturas, entre otras-, y a trabajar como redactora en Prensa Cuevas, agencia de noticias propiedad de Valentín Fernández Cuevas. Fue alumna de Biblioteconomía en los cursos celebrados en la Residencia de Señoritas auspiciados por el Instituto Internacional.
Se afilió a UGT y desde 1930 a la Agrupación Socialista Madrileña. En diciembre de este último año tuvo una hija, Josefina, fruto de su relación con José Calatayud Íñigo, también socialista, con quien se casaría en agosto de 1934 y tendría otro hijo, José Antonio.
En 1931 asistió en calidad de representante de la Asociación Socialista de Murcia en el Congreso Extraordinario del PSOE celebrado en Madrid, y dos años más tarde fue candidata a las elecciones generales por Ciudad Real y Murcia, pero no resultó elegida. Fue miembro y secretaria del Patronato de Protección a la Mujer, en representación de la clase obrera. Componente de la Delegación obrera española enviada en 1931 a la Oficina Internacional del Trabajo en Ginebra (Suiza), durante el viaje impartió una conferencia en una reunión informal de la Federación Sindical Internacional en Lausanne. En 1932 fue nombrada vocal del Patronato de Reeducación Profesional.
Tras el estallido de la Guerra Civil fue abandonada por su marido, el cual se enroló en el ejército republicano y posteriormente se exilió a Argelia y Francia. Regina permaneció en Madrid y trabajó como jefa de prensa y propaganda del Comisariado Político Central y del Estado Mayor del general Miaja. Colaboró con el Servicio de Información Militar (SIM). Asimismo, fue redactora y directora del periódico La voz del combatiente y directora también de La Voz, de Madrid. Un asalto violento a su madre en mayo de 1936 como consecuencia de una paliza llevada a cabo por agitadores republicanos y el abandono de su marido le hicieron alejarse de sus ideas izquierdistas y acercarse al bando sublevado; de hecho, colaboró durante el último período de la guerra con la «Falange clandestina», permitiendo reuniones en su casa y facilitando información militar, y posteriormente delató a algunos de sus antiguos compañeros.
Finalizada la contienda, fue detenida en mayo de 1939, encarcelada en la prisión de Las Ventas y posteriormente sometida a dos consejos de guerra, siendo condenada en enero de 1940 por delito de rebelión a seis años de inhabilitación, y en mayo de ese mismo año a doce años de cárcel. No obstante, en diciembre de ese mismo año fue indultada.
La precariedad económica en la que quedó situada tras la salida de la cárcel, la llevó a aceptar trabajos de toda índole: en la Central Nacional Sindicalista, como comisionista del Monte de Piedad, institutriz del que con los años llegaría a ser uno de los grandes actores de la escena española, Carlos Larrañaga, e incluso parece que llegó a regentar una casa de citas. Por otro lado, se volvió acérrima enemiga del socialismo y la república, como reflejó en dos obras: Yo he sido marxista (Editora Nacional, 1946 y 1952), de carácter autobiográfico, y El bulo de los caramelos envenenados (Publicaciones Españolas, 1953 y 1956).
Falleció en agosto de 1974 en Madrid