María de la O Lejárraga nació en San Millán de la Cogolla (La Rioja) el 28 de diciembre de 1874 y murió en Buenos Aires el 28 de junio de 1974. Desde finales del siglo XIX desarrolló una intensa actividad literaria como dramaturga, novelista, ensayista, traductora y articulista.
En 1888 se matriculó en la Escuela de Comercio en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, institución creada por Fernando de Castro para que las mujeres de clase media pudieran acceder a estudios superiores. El paso por este centro educativo permitió a María familiarizarse con los principios liberales de la Institución Libre de Enseñanza. En 1896 obtuvo, por oposición, una plaza en la Escuela Modelo de Madrid, donde ejerció como maestra hasta 1908, fecha en la que decidió dedicarse enteramente a la literatura. En 1905 obtuvo una beca para estudiar el funcionamiento pedagógico de los centros docentes europeos y pasó varios meses en Bélgica que dejaron en ella profunda huella.
En 1900 contrajo matrimonio con Gregorio Martínez Sierra, con quien colaboró estrechamente durante toda su vida. Casi toda su producción literaria se publicó con el único nombre de su marido, y tan solo tras la muerte de éste en 1947 reivindicó públicamente su autoría.
Sus obras teatrales alcanzaron gran éxito en los escenarios españoles y europeos. Su mayor triunfo fue Canción de cuna, estrenada en 1911 y adaptada al cine en varias ocasiones. Entre 1916 y 1925 impulsaron en el Teatro Eslava de Madrid el proyecto del Teatro de Arte, fundamental para la modernización de la escena española del momento. Mantuvo además una estrecha relación con diversos músicos, en especial con Manuel de Falla, para quien escribió libretos de ballet como El amor brujo y El sombrero de tres picos.
A lo largo de su vida fue constante su compromiso con el feminismo y contribuyó a su difusión con su obra literaria y también con ensayos como Cartas a las mujeres de España (1916), Feminismo, feminidad, españolismo (1917), La mujer moderna (1920) o Nuevas cartas a las mujeres (1932). En 1919 fue nombrada secretaria del comité español para la organización del VIII Congreso de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer (IWSA), que iba a celebrarse en Madrid y finalmente se trasladó a Ginebra.
En 1922 se separó sentimentalmente de su marido, Gregorio Martínez Sierra, aunque mantuvieron hasta 1930 su colaboración literaria y empresarial.
En 1926 fue una de las socias fundadoras del Lyceum Club Femenino. Durante su primer año de actividad, María se encargó de poner en marcha la biblioteca de la asociación. En 1931 fundó la Asociación Española de Educación Cívica, más conocida como La Cívica, junto a Pura Maortua, María Rodrigo, Julia Peguero y Mercedes Sardá, entre otras. Esta asociación, orientada a las mujeres de clase media y trabajadoras, pretendía que intervinieran en la vida de la nación activa y eficazmente.
En 1931 se afilió al Partido Socialista y en 1933 fue elegida diputada por Granada en las Cortes de la Segunda República. Participó activamente en los debates sobre educación y las condiciones de vida de los trabajadores agrícolas andaluces.
Durante la Guerra Civil española, el gobierno republicano la envió a Suiza e Italia como agregada comercial. En 1937 formó parte de la delegación española en la Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo celebrada en Ginebra y más tarde se ocupó de los niños republicanos refugiados en Bélgica. Exiliada en Niza, padeció allí la ocupación nazi y vivió años de gran precariedad.
En 1950 viajó a Estados Unidos y posteriormente se trasladó a México, donde participó en actividades culturales del exilio republicano. En septiembre de 1951 se asentó definitivamente en Buenos Aires. Allí siguió escribiendo, publicando en la prensa y haciendo traducciones para diversas editoriales. En 1952 publicó su libro de memorias políticas, Una mujer por caminos de España, y un año más tarde, en México, su autobiografía literaria, Gregorio y yo. Medio siglo de colaboración. En 1960 recopiló su obra literaria en el exilio en el volumen Fiesta en el Olimpo.
Murió casi centenaria en el exilio argentino, pues no quiso regresar en vida del dictador.