Fue socia del Lyceum Club Femenino, escritora y poetisa española, vinculada a la Generación del 27 y considerada una de las voces más destacadas de la poesía del siglo XX. Desde muy joven participó en los círculos culturales madrileños y publicó en revistas literarias de la época.
Nació el 10 de julio de 1905 en Vitoria. Fue hija de Ernestina Morán de Loredo Castellano y del abogado de origen francés y diputado por Madrid Antonio Michels de Champourcin Tafanell, I barón de Champourcin. Tuvo tres hermanos: Jaime, Adolfina (Fifí) y María Luisa (Lulú) Michels de Champourcin. La familia se trasladó a Madrid, donde recibió una esmerada educación. Estudió con profesores particulares, ingresó después en el Colegio del Sagrado Corazón y obtuvo el título de bachiller en el Instituto Cardenal Cisneros.
Comenzó a escribir poesía muy joven, influída por el modernismo y especialmente por Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez, a quien siempre consideró su maestro. Entró en contacto con la Generación del 27 a través de la Residencia de Estudiantes, donde asistía a conferencias y encuentros literarios junto a otras jóvenes intelectuales como Concha Méndez. Se relacionó con poetas como Rafael Alberti, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Concha Méndez y Carmen Conde En 1926 publicó su primer libro de poemas, En silencio, y ese mismo año se incorporó al Lyceum Club Femenino, interesada en la defensa del papel de las mujeres en la vida cultural, política. social e intelectual. Fue una estrecha colaboradora de Pilar de Zubiaurre durante el tiempo en que esta fue responsable de la sección de Literatura de la institución. También colaboró en revistas y periódicos como La Época, La Gaceta Literaria o Manantial.
Durante la Guerra Civil trabajó como enfermera voluntaria en el hospital de sangre instalado en el Instituto Oftálmico de Madrid. El 6 de noviembre de 1936 contrajo matrimonio con el poeta Juan José Domenchina, secretario personal de Manuel Azaña. Tras el traslado del Gobierno de la República a Valencia, el matrimonio se desplazó primero a Valencia y después a Barcelona. Finalmente partieron al exilio mexicano en 1939. Llegaron a Veracruz el 15 de junio de ese año a bordo del buque Flandre y poco después se instalaron en Ciudad de México. Allí Ernestina trabajó como traductora para la editorial UTEHA y para el Fondo de Cultura Económica y colaboró en revistas literarias como Romance y Rueca.
Su obra poética continuó desarrollándose en el exilio, donde publicó varios libros marcados por una creciente dimensión espiritual. Tras la muerte de su marido en 1959 permaneció en México hasta que regresó a España en 1972. En sus últimos años siguió escribiendo poesía y recibió diversos reconocimientos, entre ellos el Premio Euskadi de Literatura en 1989.
Falleció en Madrid el 27 de marzo de 1999, a los 93 años.