Fue conservadora, profesora, investigadora y socia del Lyceum Club Femenino y del Ateneo de Madrid. Residió también en la Residencia de Señoritas y formó parte del círculo intelectual vinculado a María de Maeztu.

Nació el 8 de noviembre de 1895 en Villadiego (Burgos). Fue hija de Felipe Fernández Roiz, secretario de ayuntamiento, y de Filomena Vega Gutiérrez, maestra de primera enseñanza. Tuvo un hermano, Cándido Fernández Vega. En 1913 terminó el Bachillerato en el Instituto General y Técnico de Burgos y en 1918 se licenció en Filosofía y Letras, sección de Historia, por la Universidad Central de Madrid.

Trabajó como maestra hasta 1920, año en que ingresó en la Residencia de Señoritas para preparar las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. En 1922 aprobó la oposición e ingresó en el cuerpo. Su primer destino fue la Biblioteca Nacional, donde permaneció tres meses en prácticas antes de ser destinada al Archivo de Hacienda y Biblioteca de Logroño.

En septiembre de 1923 contrajo matrimonio en Madrid con José Ferrandis, adoptando desde entonces el nombre de casada. En 1924 consiguió trasladarse a Madrid al Archivo del Ministerio de Estado y en 1926 pasó al Archivo General de la Deuda.

El 14 de febrero de 1928 ingresó en el Museo Arqueológico Nacional, convirtiéndose en la primera mujer conservadora de museos en España. Allí se hizo cargo de la Sección IV, dedicada a Antigüedades Americanas y del Extremo Oriente. En 1929 fue designada para supervisar los trabajos relacionados con la exposición del Tesoro de los Quimbayas en el pabellón de Colombia de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Durante estos años publicó diversos artículos sobre artes decorativas y dos monografías dedicadas a colecciones americanas.

En los años previos a la Guerra Civil realizó numerosos viajes de estudio a Tierra Santa, Turquía, Alemania, Italia, Inglaterra, Francia, Austria, Bélgica, Holanda, Egipto, Túnez, Marruecos, Suiza y Estados Unidos, entre otros destinos, con el objetivo de estudiar colecciones americanas y asiáticas. En 1932 obtuvo una ayuda de la Dirección General de Bellas Artes para viajar a París; en 1933 participó como profesora en el Crucero por el Mediterráneo y en 1934 viajó a Nueva York becada por la Junta para Ampliación de Estudios. En 1935 realizó un viaje a la Unión Soviética, circunstancia que más tarde tendría consecuencias para ella tras la guerra.

Cuando comenzó la Guerra Civil se encontraba en Alemania. Logró regresar a España con ayuda del duque de Bailén, quien facilitó su entrada por Vera de Bidasoa pese al cierre de la frontera. Una vez en España se dirigió a Valladolid y se presentó ante las autoridades de la Junta de Defensa Nacional junto con su marido. Durante la guerra permaneció destinada en el Museo Arqueológico de Valladolid.

En 1939 regresó a Madrid y se reincorporó al Museo Arqueológico Nacional. Poco después fue sometida a un juicio sumarísimo, a un proceso de depuración y a un expediente de responsabilidades políticas entre 1939 y 1945. Superó todos estos procedimientos sin sanciones y pudo continuar su carrera profesional.

En 1941 fue nombrada directora del Museo Nacional de Artes Decorativas y también del recién creado Museo de América. Al frente del primero impulsó el incremento de las colecciones, las obras de ampliación del edificio y la nueva instalación museográfica inaugurada en 1950. En el Museo de América dirigió los trabajos de organización e instalación del museo en su nueva sede, inaugurada en 1965.

Ese mismo año se jubiló tras más de cuarenta y tres años de servicio y dejó la dirección del Museo Nacional de Artes Decorativas, aunque permaneció al frente del Museo de América hasta 1968.

Falleció en Madrid el 4 de julio de 1973, a los 78 años.