Halma Angélico fue el nombre artístico de María Francisca Clar Margarit, quien también utilizó el seudónimo de Ana Ryus. Destacó como periodista, escritora, dramaturga y feminista, además de ser una miembro relevante del Lyceum Club Femenino, donde llegó a dirigir la sección de Literatura entre 1934 y 1936

Hija de Francisco Clar Ryus, militar de profesión, y Francisca Margarit Condede, vivió parte de su niñez en Filipinas, ya que su padre fue gobernador de Luzón hasta la independencia del territorio en 1898.

Se casó a los veintiún años, y de ese matrimonio nacieron dos hijos; Francisco (1911) y Maria Francisca (1916). Tras separarse, inició una colaboración constante con periódicos como ABC, Blanco y Negro y Heraldo de Madrid, además de participar en diversas revistas femeninas.

Su carrera teatral comenzó con dos obras firmadas como Ana Ryus que no llegaron a representarse: Los caminos de la vida (1920) y Berta (1922). La primera fue revisada y publicada en 1932 con el título Entre la cruz y el diablo, ya bajo el seudónimo de Halma Angélico, logrando gran éxito tanto de crítica como de público. Por su parte, Berta fue reelaborada y publicada en 1929 como La nieta de Fedra, obra que la autora calificó como “teatro irrepresentable” debido a su carácter transgresor frente a la moral de la época.

Al estallar la Guerra Civil, se afilió a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). En 1938 estrenó en el Teatro Español de Madrid Ak y la humanidad, adaptación de un relato ruso de Jefim Sosulia. Aunque fue bien recibida por el público, parte de la crítica vinculada al sindicato la acusó de plagio. La polémica generada provocó, según algunas fuentes, la retirada de la obra por orden gubernamental y su posterior distanciamiento de la CNT.

Tras el final de la guerra, fue detenida y permaneció tres meses en prisión antes de ser liberada sin cargos. Continuó residiendo en Madrid, pero abandonó la escritura. Las circunstancias vividas en esos años la apartaron de la vida literaria, falleciendo en 1952 en soledad.

A lo largo de su vida mantuvo un firme compromiso con la defensa de los derechos de las mujeres. Participó activamente en organizaciones clave del feminismo español, como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), donde fue vicepresidenta; la Unión de Mujeres de España (UME); y España Femenina, entidad que fundó. También impulsó el Hogar Sudamericano para personas exiliadas.

En sus obras denunció la hipocresía de la moral burguesa y la posición subordinada de las mujeres en la sociedad.

Falleció en Madrid en 1952, a los 64 años.